martes, junio 13, 2006

Las lindes del desafío

Parece tan grande, tan insoslayable, tan lejano, parece imposible de alcanzar, un gran muro erguido en un umbral de amaneceres de esperanzas perdidas, de una vida que ya no es la mía, quizá no reconozca lo que es mi vida, quizá no sea capaz de ver la inmensidad que me rodea, quizá solo pretenda huir de un destino que no parece mío. No se distinguir si es este mi camino deseado, no se si el gran abismo que veo es real, hace tiempo que no distingo la realidad, un día nubla el pensamiento anterior, y al día siguiente le tiñe de otro color. Pero sigo viendo un gran muro en mi vacío, me precipito sobre un muro cimentado en la nada, y creo que soy capaz de luchar sin raíces, que puedo remontar una vez más. Pero mi alma está agotada, agotada de mi misma, del azote que siente mi cuerpo cada vez que me desvanezco. Puede que el filo de mis armas haya desaparecido, o que mi habilidad sea nula en estos momentos, pero me siento indefensa, no soy capaz de luchar. En ese instante me engaño a mi misma, me convenzo de que soy capaz de superarme, muestro imágenes de otro tiempo que me obligan a continuar. Necesito seguir, ¿hacia donde?.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Todos queremos escapar de nuestra vida, que no parece nuestra en algunos momentos y a todos nos fallan las fuerzas. Sé que TÚ tienes la fuerza necesaria para hacer cualquier cosa, y te sobra. No te engañes, ten por seguro que eres fuerte, confía en ti misma y cuenta con los demás para lo que necesites.
No saber cual es el rumbo a tomar no es nada raro, de hecho yo creo que hace mucho que perdí el mío, y ahí voy. Mucha suerte al encontrar tu camino, ya sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras.

¡UN ABRAZO ENORME PRINCESA!

Anónimo dijo...

Cuando alcanzas la consciencia de que aquello que arrastras te impide continuar por su agobiante peso, surge ante ti una puerta en el muro. La cual conduce a dos caminos. Uno de ellos es llano y conocido, pero debes seguir arrastrando por él todos tus antiguos sufrimientos y desesperanzas pero también las antiguas alegrías y sueños cumplidos. El otro camino es desconocido, pero antes de comenzar a andar debes dejar atrás aquello que arrastrabas con su ambivalente valor.
La elección del camino debe ser sólo tuya, después de todo es TU camino y nadie debería elegir por ti. Pero quedarse en el umbral de la puerta sólo retrasaría lo inevitable.

Un apoyo de alguien mucho más perdido que tú, tanto que ha perdido hasta su identidad.