Retrocedí unos pasos alejándome del escritorio hasta topar con un pequeño sofá blanco, titubeante me senté dejando caer los brazos sobre los almohadillados laterales mientras desplomaba mi espalda y cabeza en el respaldo. Diez días antes estaba sentado de esta misma manera en el café, el mismo café donde cada día durante escasos minutos me aflojo la corbata, tomo un bocado rápido y vuelvo a ajustármela para volver al trabajo. Estaba especialmente abarrotado ese día, y así la conocí, se acercó súbitamente y se detuvo de golpe, me puso algo en la mano mientras me miraba fijamente a los ojos a escasa distancia de la cara, rompió ese segundo de silencio extremo diciéndome –te regalo mi tiempo- y se deslizó sinuosa hasta la puerta de salida.martes, mayo 26, 2009
Capitulo III
Retrocedí unos pasos alejándome del escritorio hasta topar con un pequeño sofá blanco, titubeante me senté dejando caer los brazos sobre los almohadillados laterales mientras desplomaba mi espalda y cabeza en el respaldo. Diez días antes estaba sentado de esta misma manera en el café, el mismo café donde cada día durante escasos minutos me aflojo la corbata, tomo un bocado rápido y vuelvo a ajustármela para volver al trabajo. Estaba especialmente abarrotado ese día, y así la conocí, se acercó súbitamente y se detuvo de golpe, me puso algo en la mano mientras me miraba fijamente a los ojos a escasa distancia de la cara, rompió ese segundo de silencio extremo diciéndome –te regalo mi tiempo- y se deslizó sinuosa hasta la puerta de salida.
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