Nuevamente despierto perdida en la mañana,
nada sucede, hay un elemento extinguido
me paraliza, miro mis manos,
los músculos de mi espalda se contraen
un núcleo negro contenido en ellas me abstrae
la luz se torna sombra, sigue fija mi mirada
veo pasar símbolos en la oscuridad del núcleo
claves que descifran futuras metas,
sube un amargo movimiento hasta mi pecho
un fuerte latido golpea mi cuerpo.
La imagen se distorsiona, se desenfoca mi vista
mientras incosciente estrecho el vacío,
un fluido escapa
por las aberturas que dejan mis dedos
levemente el atisbo de solución desaparece
el impulso ha quedado a merced del caos.
Poema escrito el 22 de Marzo 2006 en clase.
jueves, mayo 11, 2006
lunes, mayo 08, 2006
Nacida del planeta Venus
Hoy ha sido una de esas noches en las que la vuelta a casa te produce un sin fin de cosas en que pensar, porque te quedas con un amigo charlando simplemente de lo que es tu vida y de lo que es la suya, una de esas noches en las que profundizas un ápice más en lo que es la amistad que os une, que no es mas que eso, simplemente hablar. Es curioso lo que se es capaz de confesar en esos momentos, lo fácil que resulta hablar de opiniones que normalmente permanecen ocultas. La mejor sensación es cuando las palabras no son capaces de hacerse paso y te das cuenta de que no es necesario, porque te ha entendido sin necesidad de emitir sonido alguno, es el indicio más certero de la complicidad que os une. Que gran palabra, complicidad, y qué pocos cómplices tenemos en nuestra vida.
Mientras hablaba pensamientos que creía que no tenía fluían rápidamente como un haz de luz, que me ciega y a la vez alumbra un lateral del sendero, para que no me caiga o tropiece una vez más. En ese momento hasta mi propia persona parece más nítida al verme reflejada en sus ojos, por la forma en que me miran y me conocen. Porque es más fácil encontrarte en unos ojos amigos que en el reflejo de ti mismo en el espejo.

Mientras hablaba pensamientos que creía que no tenía fluían rápidamente como un haz de luz, que me ciega y a la vez alumbra un lateral del sendero, para que no me caiga o tropiece una vez más. En ese momento hasta mi propia persona parece más nítida al verme reflejada en sus ojos, por la forma en que me miran y me conocen. Porque es más fácil encontrarte en unos ojos amigos que en el reflejo de ti mismo en el espejo.
Entre esos pequeños detalles también ha surgido una curiosa situación, un chico ha interrumpido nuestra conversación, tras un típico intercambio de palabras, a mi amigo le ha dicho que tenía que ser de fuera, de Alemania o algún otro lugar, claro que le ha contestado que no, que era de aquí, aunque bien podría haber sido de cualquier lugar del norte de Europa. Entonces nos ha dicho que yo tampoco parecía ser de aquí, porque solo podía ser de Venus, del planeta Venus.
Y si un completo desconocido ha sabido encajarme en ese planeta, ¿son más certeros acaso la gente que más me conoce?, me pregunto muchas veces de que planeta vengo, en que mundo extraño se desarrolló mi mente. Siempre me he creído más lunática que venusina, pero quizá es hora de ver el planeta azul como algo no tan lejano. Porque al final del largo camino que me espera, el fin de conocerme, es escuchar las voces de fuera.
Venus, eterna musa que en tu universo vagas.
sábado, mayo 06, 2006
Demasiado tarde
Aún recuerdo la tristeza que me provocaba el olvido cuando aún la inocencia era parte de mi, con el tiempo quizá he sido yo la que he olvidado lo que para mi era el mundo antes de nacer, perdiendo ideales, dejando escapar recuerdos, de aquella vida que era solo mía, porque entonces yo era dueña y patrón de aquella vida, ahora vago obnubilada en un lánguido mundo eterno, sin destino ni final, solo recorrido carente de sentido, ausente de esencia. Y me pregunto si queda de mí algún resquicio, alguna pista del sendero extremo. Solo puedo imaginar que he vuelto de un mundo irreal, para sufrir piel con piel un sueño de amargura.
Aquella palabra maldita, llamada melancolía, es solo esencia de muerte, es solo esencia de hiel.
Aquella palabra maldita, llamada melancolía, es solo esencia de muerte, es solo esencia de hiel.
viernes, mayo 05, 2006
Premonición
Ayer por la noche hablando con un amigo por el messenger como incontables otras noches, me hizo una pregunta que puede parecer típica, pero fue el comienzo para una extraña situación. La pregunta era ¿que harías si te dijeran que es tu última noche? Esa pregunta me hizo pensar, por un momento incluso puede sentir un atisbo de esa horrible situación, me asedió una gran tristeza todo era borroso y sentí cómo caía mientras el mundo que me rodeaba se alejaba. Enseguida recobré la conciencia de mi misma, y me tranquilicé, era una de esas noches en las que estoy horas delante del ordenador sin ganas de dormir. A las tres aproximadamente me cansé y fui al salón, como cada noche, a apagar todo para irme a la cama, la televisión estaba encendida, no me apetecía dormir, me tumbé en el sofá rojo y estuve distrayendo la mirada un rato hasta que cayó sobre una película en la que aparecía una escena japonesa.
Kenji presentaba a una mujer a su madre, con toda la ceremonia y educación de la más tradicional familia japonesa, era una mujer occidental, rubia, vistiendo un precioso kimono de algún color no apreciable pues era en blanco y negro la proyección. Entonces despierta del sueño alterado y vestida de rojo está la misma chica en las lindes de su cama, y le dice,” a las nueve vendré a por ti, te doy este día para que hagas todo lo que hubieses querido hacer, soy la muerte tengo que llevarte conmigo a las nueve”. No se porqué pero dos veces en tan corto intervalo de tiempo el mismo comentario me hizo estremecer, pero la curiosidad era más fuerte y contemplé a Kenji en su último día. Fue menos intenso de lo que yo esperaba y también confuso, estaba incluso relajado soportando ese peso inminente, intentó hablar con sus amigos, intentó viajar a Paris para encontrarse con su novia pero ningún vuelo llegaba antes de la fatídica hora. Finalmente acabó hablando con unos desconocidos aunque no se lo que fue de ellos porque caí rendida en el sofá rojo. Cuando me desperté fijé la vista rápidamente, casualmente era la última escena, en la misma cama donde despertó del sueño, la misma chica rubia sujetaba en su regazo a Kenji mientras un río rojo se desprendía de él impregnando las sabanas blancas, una lágrima sacudió la cara de ella mientras su mente decía “entonces se agarró fuertemente a mi mientras desaparecía”.
El resto de la noche solo tuve sueños de muerte, dos coincidencias en una noche, aún me quedan unas horas hasta que mi día termine.
Kenji presentaba a una mujer a su madre, con toda la ceremonia y educación de la más tradicional familia japonesa, era una mujer occidental, rubia, vistiendo un precioso kimono de algún color no apreciable pues era en blanco y negro la proyección. Entonces despierta del sueño alterado y vestida de rojo está la misma chica en las lindes de su cama, y le dice,” a las nueve vendré a por ti, te doy este día para que hagas todo lo que hubieses querido hacer, soy la muerte tengo que llevarte conmigo a las nueve”. No se porqué pero dos veces en tan corto intervalo de tiempo el mismo comentario me hizo estremecer, pero la curiosidad era más fuerte y contemplé a Kenji en su último día. Fue menos intenso de lo que yo esperaba y también confuso, estaba incluso relajado soportando ese peso inminente, intentó hablar con sus amigos, intentó viajar a Paris para encontrarse con su novia pero ningún vuelo llegaba antes de la fatídica hora. Finalmente acabó hablando con unos desconocidos aunque no se lo que fue de ellos porque caí rendida en el sofá rojo. Cuando me desperté fijé la vista rápidamente, casualmente era la última escena, en la misma cama donde despertó del sueño, la misma chica rubia sujetaba en su regazo a Kenji mientras un río rojo se desprendía de él impregnando las sabanas blancas, una lágrima sacudió la cara de ella mientras su mente decía “entonces se agarró fuertemente a mi mientras desaparecía”.
El resto de la noche solo tuve sueños de muerte, dos coincidencias en una noche, aún me quedan unas horas hasta que mi día termine.
La corbata negra
Hasta ahora no había tenido el valor de crear mi propio blog, no se si es por el sentimiento de cuando parece que todo está dicho en algún momento de la historia, o por sentir al descubierto una esencia de mi misma poco exportada al exterior. Y hoy, sin ningún motivo especial, sin ningún impulso relevante, tan fácil como hacer doble click en continuar, he abierto sin darme cuenta la puerta a un nuevo lugar aún desconocido.
La implicación más fuerte que puede tener, será el de ir desgranando mi alma poco a poco, mi psique. Aunque no conozco ni excluyo final alguno a mi historia, ni puedo prometer sucesos extravagantes ni sabias conclusiones, solo palabras desdibujadas por las teclas de este títere aún sin dueño. Una corbata negra se desploma en mis ojos, por si el desastre es inminente impedir que yo lo vea.
La implicación más fuerte que puede tener, será el de ir desgranando mi alma poco a poco, mi psique. Aunque no conozco ni excluyo final alguno a mi historia, ni puedo prometer sucesos extravagantes ni sabias conclusiones, solo palabras desdibujadas por las teclas de este títere aún sin dueño. Una corbata negra se desploma en mis ojos, por si el desastre es inminente impedir que yo lo vea.
"Los cielos eran cenicientos y sombríos:
las hojas eran crispadas y secas,
las hojas eran crispadas y secas,
las hojas marchitas y secas;
era de noche en el solitario octubre
de mi año más inmemorial,
era duro junto al oscuro lago de Auber,
en la nublada región media de Weir,
era cerca de la húmeda marisma de Auber
en el bosque frecuentado por los vampiros de Weir."
[...]
Ulalume, Edgar Allan Poe
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