Las últimas semanas han sido confusas, he vagado perdida entre mis pensamientos, buscando…, ni yo se qué es lo que buscaba. Mi cuerpo cedía ante el cansancio como si hubiera decidido abandonar. Mi mente me traicionaba y desconfiaba, aplicándome un miedo penetrante.
A veces en la vida, hay pequeñas señales que te devuelven el aliento por un momento, y te ayudan a recapitular para resurgir más fuerte. Hoy me ha encontrado de nuevo despistada, moviendo mis ojos de un canal a otro, ahí estaba, mi particular señal. Una señal, entre tantas otras, que hace años dejé en mi camino, para poder volver a mí misma si algún día lo necesitaba.
No es ilusión ni sueños, es esperanza, aquella que nunca debemos dejar escapar, aquella que cuando estamos a punto de desfallecer nos arroja un vaso de agua fría a la cara. Cada día siento incógnitas a mi alrededor, la inseguridad me alcanza y parece que no puedo continuar.
No entiendo, realmente insisto, no entiendo el mundo en que vivimos, lo único que creo con los ojos cerrados es que siempre en alguna parte de mi interior, habrá un resquicio de esperanza, esta certeza me guiará para encontrarla, cuando apenas brille su luz, me mostrará las señales que dejé en mi camino y su resplandor refulgirá como nunca antes.
Compañero J. Angel, te presto mi señal, se llama Cadena Perpetua (1994). Sólo una condición, busca tu luz seguro que está deseando brillar.
