domingo, junio 03, 2007

Que comience la función

Érase una vez una cama enzarzada en hierro negro, suave al tacto del que la acaricia en los giros que dibujan las barras negras, otorgándola un pequeño espacio inundado de energía, protegiendo el pequeño lecho. Blancas sábanas repletas de flores silvestres estampadas, secretos rodeando la pureza en el único lugar donde puede descansar. Lugar de ensueño donde el mundo se convierte en espacio vacío, por un momento se evapora la realidad, se transforma en humo y se disipa. Un cuento de hadas comienza a representarse en el mejor de los escenarios, no hay críticos, no hay risas, no hay miradas, la fantasía es libre y en ese instante vive, renace con un corazón impaciente. Comienza la obra trepidantemente, por si el momento conoce pronto su fin. No hay obviedades que explicar porque el alma entiende cada suspiro que entonan los personajes. Se desliza la historia pavorosa, provoca emociones opuestas que se entrelazan, el paisaje es un óleo difuminado con escasas claves detalladas, enmarcado en un universo de espejos, donde los actores elegidos de otro mundo proyectan su mirada a través de máscaras. La inconsciencia se apodera del momento y la obra llega a su fin, sin cumplir calendario alguno, sin saber si algún día volverá a ser exhibida.
Me pregunto de donde nació la fantasía, cual es el alimento que la mantiene con vida, y porqué muere pronto, tan pronto, en el corazón humano.