Recuerdo el instante en el que empecé a correr, no veía horizonte, no sentía el camino bajo mis pies. Pero empecé a aumentar la velocidad progresivamente esperando encontrar algunas señales que me indicarán a gritos o en susurros la próxima parada.
Son las tres y media de la madrugada y no entiendo porqué estoy despierta, quizá me hacía falta asimilar el día de hoy y mi mente no me ha dejado dormir hasta obligarme a afrontar mis pensamientos. Hoy he conseguido una gran meta, ni siquiera me creo que sea cierta, el camino está despejado y limpio, mi mente está satisfecha. Pero, me pregunto porqué me aflijo el triste castigo de no ser capaz de creer en mi misma. Necesito por un instante que dejen de acosarme los fantasmas de mis errores, hasta los más pequeños, siempre están torturándome. Necesito dejar de derrumbarme, encontrar algún modo de apoyar mi confianza. No se que debo sentir, no entiendo porqué siento tristeza o miedo, ¿cómo pueden eclipsar algunas pequeñas cosas un acontecimiento tan bueno?. Creo que mi equivocación ha sido no expandir esta sensación que me sobrecoge, no haber sabido gritar de alegría, la he encarcelado. Quizá solo tema despertar una mañana y que se haya acabado, quizá solo espere el momento en el que yo misma provoque su final con algún futuro y aún inexistente error. Quizá la autodestrucción amenace mis sueños cada noche. Quizá por eso no pueda dormir.
Mañana cuando despierte reanudaré el paso poco a poco, sentiré el viento atravesarme con más fuerza, pero seguiré corriendo a ciegas hasta la próxima parada.