domingo, junio 25, 2006

Capítulo I

Entré en la habitación bajo el silbido de los árboles meciéndose en el viento, la ventana tenía sus hojas abiertas y silenciosas, la mesa parecía una ajetreada mañana de oficina, quince rotuladores de distintos colores reunidos, dos parejas más alejados, folios llenos de notas, bolsos apilados por alguien con demasiado estrés como para ordenarlos, un cuadro de marco blanco con la acuarela del atardecer en la playa y enredado en el flexo un rosario de cuentas verdes transparentes junto con tres monedas rei anudadas en una cinta roja. Busqué en los bolsos algún indicio, algo que pudiera indicarme como encontrarla, levantando un portafolios descubrí su móvil olvidado no se si por casualidad o premeditado, bajo el libro subrayado varias veces, en una hoja llena de borrones se desdibujaba escrito, ¿quién eres?.

martes, junio 13, 2006

La locura también baila

Sentía la melodía hipnotizar mi mente, mi brazo derecho arqueado sobre mi cabeza, mientras el izquierdo se desliza insignificante por mi pierna, un instante después dejaba caer mi pelo sobre mi inconsciencia, un giro, otro más, ya no llevo la cuenta, las notas de música me poseen, no puedo contener mis lágrimas, lagrimas de una extraña emoción, en este raro momento, no es de tristeza. Pierdo mi vista tras cerrar los ojos, movimiento sinuoso persiguiendo la melancolía de las notas que ensordecen. Siento miedo de ser descubierta y que la paz de mi locura desaparezca, intento atrapar mi alma mientras en la pausa de mi pulso comienza a escapar. La luz deja de ser necesaria, y me envuelvo en mi propia locura, danza degenerada. Soy capaz de expresar con mi cuerpo en una canción más de lo que escribo tras repetirla tantas veces.
Porque la locura de uno mismo consigo mismo es el afán de sostener su cuerpo en la armonía de su alma.


Las lindes del desafío

Parece tan grande, tan insoslayable, tan lejano, parece imposible de alcanzar, un gran muro erguido en un umbral de amaneceres de esperanzas perdidas, de una vida que ya no es la mía, quizá no reconozca lo que es mi vida, quizá no sea capaz de ver la inmensidad que me rodea, quizá solo pretenda huir de un destino que no parece mío. No se distinguir si es este mi camino deseado, no se si el gran abismo que veo es real, hace tiempo que no distingo la realidad, un día nubla el pensamiento anterior, y al día siguiente le tiñe de otro color. Pero sigo viendo un gran muro en mi vacío, me precipito sobre un muro cimentado en la nada, y creo que soy capaz de luchar sin raíces, que puedo remontar una vez más. Pero mi alma está agotada, agotada de mi misma, del azote que siente mi cuerpo cada vez que me desvanezco. Puede que el filo de mis armas haya desaparecido, o que mi habilidad sea nula en estos momentos, pero me siento indefensa, no soy capaz de luchar. En ese instante me engaño a mi misma, me convenzo de que soy capaz de superarme, muestro imágenes de otro tiempo que me obligan a continuar. Necesito seguir, ¿hacia donde?.

sábado, junio 03, 2006

Delirio

Y es por una inmensidad que yo me pierdo, es por una locura que me desvanezco, que hace gritar sin sentido lujuria de la luna clara, provoca dolor y evita el olvido mientras se duerme en la mañana de ayer. Y vuelve a vivir el día pensando con lánguida tranquilidad aquel despertar amargo en el que no reconocía ni sus propias manos.

Busqué aquella noche el latir de mi alma, forjando un fuerte impulso por sobrevivir. Ajena era la calle que pisaba, hueco estaba el aire que me abrasó, incandescente estaba el delirio aquella noche, el delirio, el delirio, de no saber gritar cuando rompen desaforadas las olas a mis pies.

Todos los caminos parecían correr en un solo sentido, pero no podía moverme, preguntas de hace años me asediaban, y aunque todo indica desesperación, un rostro en calma saboreando el momento, observaba la danza sin poder oír la canción.

viernes, junio 02, 2006

Luz y lluvia

Algunos días las calles parecen teñidas de un solo color,
la mirada se fija en objetos rojos
y el corazón parece latir más rápido,
provocado por desesperación o por lucha.

Los días verdes llenos de luz
se pierde el pensamiento por los caminos,
y olvida lo que hacía un instante anterior.

Las imágenes bañadas de amarillo arrebatan al cuerpo la cordura,
transparente y clara se pierde en ilusiones de otro mundo.

Los amaneceres grises producen una oscura locura
y una agria desolación,
mientras curiosos hacen reflexionar al alma.

Los días blancos llenos de pureza
parecen ser olvidados antes de llegar el ocaso.

Pero el despertar negro no nace de la naturaleza
si no de nosotros mismos.
Es necesario abrir los ojos,
si no “solo hay oscuridad”.