Sentía la melodía hipnotizar mi mente, mi brazo derecho arqueado sobre mi cabeza, mientras el izquierdo se desliza insignificante por mi pierna, un instante después dejaba caer mi pelo sobre mi inconsciencia, un giro, otro más, ya no llevo la cuenta, las notas de música me poseen, no puedo contener mis lágrimas, lagrimas de una extraña emoción, en este raro momento, no es de tristeza. Pierdo mi vista tras cerrar los ojos, movimiento sinuoso persiguiendo la melancolía de las notas que ensordecen. Siento miedo de ser descubierta y que la paz de mi locura desaparezca, intento atrapar mi alma mientras en la pausa de mi pulso comienza a escapar. La luz deja de ser necesaria, y me envuelvo en mi propia locura, danza degenerada. Soy capaz de expresar con mi cuerpo en una canción más de lo que escribo tras repetirla tantas veces.
Porque la locura de uno mismo consigo mismo es el afán de sostener su cuerpo en la armonía de su alma.

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