Algunos días las calles parecen teñidas de un solo color,
la mirada se fija en objetos rojos
y el corazón parece latir más rápido,
provocado por desesperación o por lucha.
Los días verdes llenos de luz
se pierde el pensamiento por los caminos,
y olvida lo que hacía un instante anterior.
Las imágenes bañadas de amarillo arrebatan al cuerpo la cordura,
transparente y clara se pierde en ilusiones de otro mundo.
Los amaneceres grises producen una oscura locura
y una agria desolación,
mientras curiosos hacen reflexionar al alma.
Los días blancos llenos de pureza
parecen ser olvidados antes de llegar el ocaso.
Pero el despertar negro no nace de la naturaleza
si no de nosotros mismos.
Es necesario abrir los ojos,
si no “solo hay oscuridad”.
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