lunes, agosto 31, 2009

Facade. 3 de Noviembre de 2005

Porque yo no soy la chica que piensa como vestir más perfecta, no soy esa persona que piensa en lo que tiene que hacer, no soy la que quiere ir con los zapatos de tacón impecables y la barbilla alta, bien alta, para lucir mi pelo.

No soy más que esa chiquilla que leía poemas tirada en la hierba a sus amigos, aquella que no tenía miedo de reír en cada segundo, ni reparo en hacer mil disparates sin pensar, simplemente sonriendo en cada momento, menos en aquellos en los que melancólica leía o lloraba frente al mal.

Soñaba, y reía, y soñaba una vez más, y gritaba y saltaba, como si estuviera a punto de explotar.

Pero se apagó mi fuego, ya mi cara no sonríe, mis sueños ni de noche pueden vivir, ya no hay tardes de melancolía, no hay tiempo para ellas, solo un pozo de tristeza a punto de desbordarse. Los poemas, encerrados, hace años que mi voz no los oye, incluso mi alma comienza a olvidar versos que grabó hace años, mi cuerpo se mueve más lento o quizá simplemente constante, no acelera, no se vuelca, no siente sus venas. Y es que ahora una hoja en blanco parece un desafío, pero uno que no quiero aceptar, y solo con mirar a otro lugar, el pozo se llena un poco más mientras me pierdo en el azar.

Y es que mi mundo se ha quedado sin luz, cuando veo el cielo inundado de sol, se cierran mis ojos un poco, como si lo repelieran.

Corre mi vida, la veo alejarse, veo como se marchita a lo lejos, pero no veo horizonte, no veo más que una calle que se estrecha en la profundidad. Yo sigo inmóvil mientras la observo alejarse. De pronto quito la vista, me estremezco y cierro los ojos, y al abrirlos solo oigo soledad, mi vista se nubla, ya no veo lejanía, ni siento mi alrededor, no suena mi cuerpo, no me hablan mis recuerdos, solo respira el olvido, mi mayor miedo lo he creado y me ha devorado. El olvido de mi misma.

lunes, agosto 24, 2009

Por qué

Por qué, porqué siempre tenemos que ser de un único tipo, o somos de los que nos arrepentimos o somos de los que no nos atrevemos. A menudo me pregunto los motivos por los que la gente no se atreve a escuchar sus impulsos, a buscar metas efímeras o a cambiar simplemente por el hecho de cambiar. Y otras veces me pregunto por qué otras personas escuchan, buscan y cambian y luego sienten arrepentimiento. Al final, ¿qué es lo que más pesa?, dura más la emoción o el sentimiento de desconsuelo.
Una alegría recorre mi cuerpo, es necesario arrepentirse, porque de entre todas las veces que te atrevas te arrepentirás numerosas veces, y muchos de esos momentos te acecharán el resto de tu vida. Pero aquellos impulsos que consigan evitar el naufragio, aquellos de los que nunca te arrepientas, estarán contigo siempre y habrás ganado un bien muy valioso, ya que será uno de los pocos que sobrevivieron a la tempestad, porque merecían la pena. A menudo es necesario acarrear pesares si eso conlleva la posibilidad de encontrar verdaderos tesoros, escasos y emocionantes tesoros.