Hoy ha sido una de esas noches en las que la vuelta a casa te produce un sin fin de cosas en que pensar, porque te quedas con un amigo charlando simplemente de lo que es tu vida y de lo que es la suya, una de esas noches en las que profundizas un ápice más en lo que es la amistad que os une, que no es mas que eso, simplemente hablar. Es curioso lo que se es capaz de confesar en esos momentos, lo fácil que resulta hablar de opiniones que normalmente permanecen ocultas. La mejor sensación es cuando las palabras no son capaces de hacerse paso y te das cuenta de que no es necesario, porque te ha entendido sin necesidad de emitir sonido alguno, es el indicio más certero de la complicidad que os une. Que gran palabra, complicidad, y qué pocos cómplices tenemos en nuestra vida.
Mientras hablaba pensamientos que creía que no tenía fluían rápidamente como un haz de luz, que me ciega y a la vez alumbra un lateral del sendero, para que no me caiga o tropiece una vez más. En ese momento hasta mi propia persona parece más nítida al verme reflejada en sus ojos, por la forma en que me miran y me conocen. Porque es más fácil encontrarte en unos ojos amigos que en el reflejo de ti mismo en el espejo.

Mientras hablaba pensamientos que creía que no tenía fluían rápidamente como un haz de luz, que me ciega y a la vez alumbra un lateral del sendero, para que no me caiga o tropiece una vez más. En ese momento hasta mi propia persona parece más nítida al verme reflejada en sus ojos, por la forma en que me miran y me conocen. Porque es más fácil encontrarte en unos ojos amigos que en el reflejo de ti mismo en el espejo.
Entre esos pequeños detalles también ha surgido una curiosa situación, un chico ha interrumpido nuestra conversación, tras un típico intercambio de palabras, a mi amigo le ha dicho que tenía que ser de fuera, de Alemania o algún otro lugar, claro que le ha contestado que no, que era de aquí, aunque bien podría haber sido de cualquier lugar del norte de Europa. Entonces nos ha dicho que yo tampoco parecía ser de aquí, porque solo podía ser de Venus, del planeta Venus.
Y si un completo desconocido ha sabido encajarme en ese planeta, ¿son más certeros acaso la gente que más me conoce?, me pregunto muchas veces de que planeta vengo, en que mundo extraño se desarrolló mi mente. Siempre me he creído más lunática que venusina, pero quizá es hora de ver el planeta azul como algo no tan lejano. Porque al final del largo camino que me espera, el fin de conocerme, es escuchar las voces de fuera.
Venus, eterna musa que en tu universo vagas.
1 comentario:
No se porque me he decidido por escribirte a Venus, puede que no estés allí pero aquí desde donde te escribo todo se desdibuja con una tenue luz, y quizás por esconderme tras ella, por encontrar algo oculto, algo que quizás solo seas tú quien lo lea, por diluirme en el universo he venido a escribirte desde aquí.
Ha sido escuchar esa melodía en mi cabeza y recordé que aún no había escrito a mi ulalum, me sentía abatida porque tenía que haber sido las mías las primeras palabras que pisaran este universo que has creado, en el que vivías mucho antes de ponerle forma y color, y el que pocos privilegiados saben acceder.
Y yo estuve en el antes que nadie, antes de que tu supieras de su existencia, cuando crecías lentamente en tu pequeño mundo, cuando naciste con los ojos abiertos y sin derramar una lágrima. Estaba yo sin saberlo en medio, me sentí impregnada de su esencia, y eso me hizo vivir de una forma que no ha conocido nadie. Vivir en la imperfecta melodía del universo, y viéndolo a través de tus ojos, es como he llegado a sentirlo realmente. Solo tú sabes de lo que hablo. Porque estabas allí desde aquel día para cautivar mi alma. A veces las respuestas que esperamos tardan en llegar, las hay que nunca aparecen, lo importante son las que llegan a tiempo para decirte que nunca te pierdas de planeta en planeta, siempre te enseñaré el camino de regreso.
Para mi pequeña alma
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