Se miró las manos, lentas, dolorosas, mientras sentía no poder respirar, sin fuerzas para aliviarse, para tomar una bocanada de aire, sin energía para luchar. La derrota de verse y no verse, de gritar y no tener voz. Se detuvo en el tiempo y el mundo siguió corriendo, estelas difusas se agolpaban para evitar el obstáculo, veía la vida correr sin girar la cabeza para no conocer lo que se avecinaba, solo sentía el viento del rastro que dejaba al pasar desde su espalda a sus manos. Manos que ajándose perdían sus emociones, sin evocar recuerdo alguno. Dejó caer la estilográfica y levantó la vista, palpó la mesa tras de sí, entre el alboroto rozó el colgante, lo cogió. Descuidada dejó la puerta entreabierta al salir.
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